Estamos en todos lados


Griselda Benavides y Jay Vélez
Curado por Carlos Palacios
15 de febrero – 24 de marzo, 2018

Esta exposición de las obras recientes de Griselda Benavides (Hermosillo, Sonora, 1990) y Jay Vélez (Ciudad de México, 1985) debe verse y comprenderse como un juego de espejos confrontados. Las obras se alzan como dispositivos reflectantes de las poéticas inherentes a cada artista, no en balde la muestra se intitula “Estamos en todos lados”. Debemos leer este título no sólo en relación a las correspondencias entre las obras, instaladas en todos lados de la sala de exhibición, sino además porque los detonantes reflexivos de ambos creadores se encuentran agazapados en cualquier lugar y desde cualquier objeto. Efectivamente, resultó más que una coincidencia de naturaleza institucional como estas propuestas se alzan en el espacio expositivo desde un diálogo cargado de sutilezas tanto formales como conceptuales, que valdría la pena glosar en este texto.

Desde su aparición en la escena artística en Sonora y de manera reciente entre Cuernavaca y la Ciudad de México, Griselda Benavides ha apostado por concentrarse en una estética de las cosas menudas. Esta valoración de los objetos leves parece ilustrar aquellas palabras de Fray Luis de León: “porque son cosas menudas y que se pintan mejor que se dicen”. Esta sensibilidad por la creación y representación de objetos aparentemente intrascendentes tiene por intención inventar fabulas muy íntimas en torno a ellos. Para esta artista, a los objetos inanimados y desplazados del mundo hay que otorgarles vida. O animarlos,  es decir: darles un alma.

De allí que la transformación sea una estrategia clave en la producción de Benavides. Si anteriormente se concentró en la creación de pequeñísimas esculturas “biomórficas”, en la actualidad busca potenciar los valores de los propios materiales. Su serie intitulada Tejido, hecha a partir de hilo dental, es una buena muestra de esto. A partir del finísimo material se generan estas delicadas y sutiles urdimbres que recuerdan las estructuras de la artista germanovenezolana Gego, quien también animaba sus piezas desde el acto de tejer materiales igualmente menudos a los de Griselda Benavides, como cintas de cajetillas de cigarrillos, botones o pequeños alambres.

Otras obras donde el material anuncia por sí sólo sus potencialidades se encuentran en los Mirados. En estas piezas, la artista desarrolla un juego de naturaleza conceptual entre el significado de la marca de los lápices y diversas asociaciones con otras palabras y sinónimos ligados al acto de ver y mirar. Al tallar estas palabras en los lápices, se potencia su función originaria pues como bien sabemos, al dibujar le damos forma a una idea o un concepto  y es desde el mirar como le otorgamos valoraciones positivas o negativas a las cosas o las ideas representadas. Es interesante pensar esta serie en relación a sus piezas sobre terciopelo, sobretodo Plática con papel. Estos dibujos –igualmente conceptuales- resumen de manera cristalina la intención de otorgarles vida – o voz, como en el caso de estos dibujos- al material. De alguna manera con estos conjuntos de obras recientes, Griselda Benavides ilustra la relación que establece el artista con sus materiales de una manera mas profunda; mas animista, podría decirse. Para Griselda Benavides, los materiales incorporan potencialmente, la vida –el alma- de las cosas menudas

Por su lado, Jay Vélez trabaja entre la Ciudad de México y Cuernavaca. Su obra que parte de lo escultórico supone otro tipo de revelación. Igualmente –como en el caso de Benavides- de otra levedad, en este caso la que surge o se esconde en nuestras dimensiones espaciales. A Vélez le interesa expandir nuestra sensibilidad hacia el espacio. Le interesa que nuestra experiencia del lugar se amplifique desde la sutileza de lo que no se anuncia y de lo que no se ve a simple vista. El espacio que se esconde detrás de una puerta, podría intitularse este cuerpo de obras recientes.

Las esculturas basadas en puertas son –en correspondencia a los Mirados de Griselda Benavides- unos dispositivos que desde su apuesta conceptualista y lingüística constituyen objetos cargados de alegorías sobre el espacio interior y exterior. La puerta es un recurso retórico de la historia del arte para señalar otros espacios que no están en la escena representada o por otra parte, indican al espectador que su mirada voyeurística está invadiendo un lugar donde ocurre algo que no debería verse, como un collage de Max Ernst en el cual un hombre se asoma detrás de una puerta y espía a una mujer con alas de ángel, acongojada al lado de un dragón.

Algo parecido sucede con las instalaciones y esculturas de Vélez. Uno husmea los interiores de las puertas y descubre espacios ignotos, en una reversión de la retórica asociada a este objeto. Pero el artista va más allá de esto y a su vez transforma esos espacios en volúmenes -gracias al recurso fotográfico- o desde una estrategia similar a la del escultor británico Andy Goldsworthy, (pero ajeno a la apuesta romántica de éste por descubrir la abstracción en la naturaleza). Jay Vélez realizó unas esculturas a partir de unas piedras donde una línea – o un  espacio- surge de manera “natural”.

De manera natural. Es una frase elocuente para comentar la obra reciente de este artista. Todo parece ocurrir bajo el prisma de esta frase. Pensemos en su instalación en neón detrás de una escondida puerta de la propia galería. Cuando descubramos esta obra, si esto sucede, claro: ¿ no nos transformaremos en el voyeurista que surge detrás de la puerta del collage surrealista de Max Ernst? Falta decir que el texto en neón blanco tan sólo dice: visible. Para Jay Vélez, el espacio es el lugar invisible de lo visible.

Texto por Carlos E. Palacios

Cuernavaca, México
25 de enero, 2018

Sobre los artistas

El trabajo de Griselda Benavides (Hermosillo, México, 1990) surge de su apego a los objetos cotidianos que le rodean. Mediante la apropiación, les confiere una personalidad particular con lo que busca hacerlos habitar un universo diferente, sujeto a otras reglas. Benavides es egresada de la Licenciatura de Artes Plásticas por la Universidad de Sonora, con especialidad en pintura y actualmente estudia la Maestría en Producción Artística de la Universidad Autónoma de Morelos. Su trabajo se ha exhibido en diversas exposiciones en ciudades como Sonora, Ciudad de México, Tijuana, Culiacán y Monterrey, destacando Salón Acme y el Museo de Arte de Sonora. Fue seleccionada en el Taller de Artes Visuales en el marco del Festival Cultural Interfaz en Culiacán, Sinaloa; en la IV Muestra Iberoamericana de Arte Miniatura; la VII Bienal Miradas y en el Concurso Estatal de Fotografía Creativa Sonora. Obtuvo mención honorífica en la VIII Bienal de Sonora y fue becaria del Apoyo a la Formación Artística del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes 2011-2012.

El trabajo de Jay Vélez (Ciudad de México, 1985) parte desde la necesidad de comprender el espacio y el universo con las capacidades y voluntades —tanto físicas como emocionales— de los cuerpos que lo habitan. La libertad y la voluntad son temas recurrentes en su obra como parte vital para la inclusión de elementos cotidianos en un contexto en el que puede experimentar sensaciones ajenas a su cotidianidad. Su trabajo ha sido expuesto en museos e instituciones como Salón Acme, Sala de Arte Público Siqueiros y la Academia de San Carlos, entre otros. Fue miembro del Programa de Jóvenes Creadores del FONCA.

Sobre el curador

Carlos Palacios (Maracay, Venezuela) es Historiador de arte, egresado de la Universidad Central de Venezuela. Cursó la Maestría en Estudios Curatoriales en el Centro de Estudios Curatoriales de Bard College, Nueva York y un Diploma en Estudios Avanzados en historia y crítica de arte por la Universidad de Barcelona, España. Desde 2005 y hasta 2009 fue curador de arte contemporáneo de la Colección Patricia Phelps de Cisneros. Actualmente es curador de la Colección del Museo de Arte Carrillo Gil en la Ciudad de México, donde también fue curador en jefe entre 2011 y 2013, y profesor de la Maestría en Producción Artística de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Recientemente editó Razón de ser. Obras emblemáticas de la Colección Carrillo Gil, primer libro dedicado a esta relevante colección de arte.

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